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Terra
La Coctelera

Noviembre 2006

Ensueño

En las mañanas me despierta el silencio,
grita tu nombre que gira desde lo hondo de mi ensueño,
te amo en la oscuridad de mis ojos cerrados,
desde mi cama fría y desde los otros objetos.

Amanezco con el alma húmeda,
el cuerpo húmedo como a la orilla de un puerto a donde no llegas,
con todas las naves escondidas tras la niebla.

Te amo desde el mar de sábanas frías donde naufrago,
naufragan mis besos vencidos por el peso de la nueva luz,
y necias las horas pasan lento como peleando con el crepúsculo,
pero la Luna con su orquesta de luces llegará sin duda,
y con ella nuestro encuentro.

Al pie del puerto con la sal entre mis pestañas,
te amo como se ama al cielo encendido,
te busco como el marinero busca tierra cuando esta perdido.

En las mañanas te amo,
desde mi cama y desde mi cuerpo,
con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Anotaciones

¡He aquí que soy
el oscurisimo azul
donde se encienden las estrellas!.

Y es por mí
que las lámparas existen,
y que las amantes, ¡todas!
prefieren la noche para ser poseídas.

Mar

Uno

Debí ser marinero,
dejar que se estrellaran en mis ojos
salinos cristales al navegar contra la brisa,

Sentir el viento carcomiéndome la cara,
en un cielo inundado de pájaros
que flotan en un mar menos espeso.

Marinero sin duda,
dejar la hierba para el que sueña y árboles inflamados
para quien cree que partiste en otoño.

La tristeza es un animal marino,
sus tentáculos se me hinchan en el cuello
y su burla meona es una multitud de gotas agrias.

Dos

El sol se astilla en la cresta de una ola,
me crece tu nombre en la voz,
vapor de primavera en la garganta.

No es inmenso el mar, Arely,
te le he dicho tantas veces,
siempre termina su compás en tus tobillos.

Sol y mar se encuentran,
reconocen su piel, se penetran formando uno:
La Noche.

Tres

Trenzas agua y sal con tus pies pequeños,
el cielo arde de estatuas blancas,
nacemos del mar y nos hacemos sombra.

¡Cantamar su despedida!
Cantamar la mudez de tus palabras,
¡Ruge Mar!, que te escuche mientras huye,

combate su ejército de rocas con tu afilada espuma,
marchen las sirenas a la costa de su pelo,
hasta que la luna nos muestre su reverso.

Soy amada mía

Se agigantan tras las cortinas las horribles sombras,
no hay Luna,
se ha perdido en la negra hendidura del infinito.

Rechifla bajo la puerta la carcajada del viento,
me dice que la muerte aún me espera,
busco en mi desnudez una historia nueva,
una cicatriz para entretener al insomnio,
para que no se duerma.

No hay en mí aventuras dignas de narrarse,
solo soy un naufrago de los autobuses,
un peatón ciego en una calle interminable.

La ciudad me ha abandonado,
Me ha dejado solo
en la minúscula partícula de mi cuarto;
no hay rincón para esconderme de mi sombra,
y me aborrezco.

No he aprendido a caminar
sobre la escalera de gusanos
que lleva al penthouse de la sonrisa.

No basta la inteligencia de los hombres,
no entienden mi odio por mí,
por la pregunta primitiva de la infancia olvidada
no hay rincón para esconderme de mi sombra,
no hay suficiente estupidez para conformarme.

La tristeza me ha espesado la sangre,
es por eso que sanan rápido mis heridas.

¡Oh! Ciudad abandonada,
no hay Luna,
el terror me cierra los ojos
y las estrellas s disuelven
tras la tela de mis párpados.

Estamos solos,
mi sombra me espera debajo de la cama.

¿No le has contado a la noche
que le tememos a los inmóviles objetos,
esos seres sin gesto que llenan todo espacio,
compañeros de este frasco al que pertenecemos?

¿No basta con la luz
que afanosamente busca extinguirse
dentro de la lámpara?
No, no hay rincón para esconderme de mi sombra,
no hay lugar para nosotros ciudad,
bajo este cielo sin relámpagos,
me alejo del espejo alargo la mirada
y escupo:

¡Tú muerte! Que acaricias mi cabeza para que duerma,
que aleja de mis ojos los cabellos,
para que nada evite que me vea
sólo y en silencio.

Soy el hombre que se odia,
el que en su cuerpo nace y muere cada mañana,
¡Muerte! Esta vez guarda tú el silencio en el bolsillo,
aleja de mi tus blancas falanges,
observa como danzan hadas sobre mi frente.

No, no hay lugar para esconderme de mí,
Sombra.

No hay caminos que conduzcan a la nación de tu cuerpo amada mía,
pues tu cuerpo es todo cuanto habito,
no vengas más insomnio y que el infinito
se guarde a la Luna en las entrañas.

A la luz de sus ojos
toda sombra es mutilada.

Que caiga negra noche de tu pelo
sobre mi pecho cada madrugada,
manos delgadas que ven mis heridas transparentes,
agua que me lava baja por tus muslos,

de tu boca emerge la cantiga del amor
de la esperanza.

Arráncame amada mía, lleva mis raíces a tu tierra,
escribiré con aguamiel sobre tu piel
nuevos naufragios y en mi corazón
florecerán nuevas cicatrices.

Arráncame amada mía de mi cuerpo abandonado,
llevate mi alma remendada,
soy de tí y por tí escribo,
por tu cuerpo de tierra sana
tiemblan en mí todas las sombras.

Soy amada mía
de nuevo el que no duerme junto al insomnio,
el que camina un calle interminable de tu mano,
y bajo la luz de tus ojos que guradan todas las constelaciones,
estoy triste, por que no hay razón para ser olvidado.

He tomado el acensor de tus dedos al penthouse de la sonrisa,
declaro que no soy mas extrangero del país de tus brazos,
que la muerte venga y que las sombras crezcan,
soy hijo del relámpago, dueño de mi odio,
¡Amo y señor de los corceles que conducen mi vida!

Único habitante de tu isla.

Instrumento exacto del amor,
carnada de la bestia que me habita el pecho,
poseo la fruta de tus labios,
el cántaro para resguardar el agua que se desprende de tu sexo,
la medida justa el temblor preciso en tu vientre,
poseo el lenguaje que hará florecer las rocas a tu paso.

Soy quien te ama,
el que hoy abandona la ciudad, el desterrado.

Soy amada mía,
el de la armadura gastada, el agotado,
el que daría cada célula, el dispuesto a camirnar
de labios los rincones de tu cuerpo,
dispuesto a destrozarme la lengua contra tus caderas
y mi voz contra tu oido.

Te conocí

Te conocí como el hambre que viene siempre antes que los dientes,
la válvula de mi pecho suspiró de luz contenida y sangre derramada,
las mañanas me traían un sol en los huesos, rocío que no moja,
conocí el verde amanecer de las llanuras antes del florecer de las piedras.

La noche amasó tierra y viento,
luz de estrella y sombra de mis ojos habitados por la luna,
te fundió en el tibio horno de tu madre,
antes de amarte no hablaba el mar ningún idioma.

Te conocí como al mar por la marisma,
antes de marcar con mis pies la arena,
te odié antes de amarte, antes de amarte amor ya te olvidaba,
te odié amor por cada ola en la que no venías.

Ya era tuyo mi corazón y su sonido,
tum tum, golpe de alas de las aves de la sangre,
tum tum, la jaula de carne que las guardaba como nido,
para el momento de encontrarte.

Amaba ya, la rosada estrella de la noche entre tus piernas,
el fresquisímo prado de tu vientre,
tumba donde morir cada noche en que esté un poco vivo,
hoguera donde arder cómo petroleo en el mechero.

Ahora te conozco como la luz al relámpago,
con el deseo instantáneo de tu húmeda flama,
me muerdo el silencio y me crecen brotes de palabras
entre la fronda verde de mis labios.

No hay noche ahora que no nos guarde espacio,
mis ojos recorren tus praderas de sol a sol a media luna,
no me harto de nacer y renacer abrazado a tus caderas,
cantar el canto de lo desconocido con tu temblor exacto.

Te conocí antes de que mi mano te escribiera,
mucho antes ir y de volver por las mareas,
amor mío veo mas allá de tus ojos yerbabuena,
mas allá de las estrellas que ahí juguetean y se ven nuestros hijos.

Hijos hechos de lodo, pasto y electricos pedazos de alma,
miel, jugos, yagas, casas donde no vivimos, luna, tormenta y sombra,
ventanas, cósmicas miradas, puentes de mis labios y tus piernas,
grietas, olores y sustancias, piedras y profundas mareas.

La Poesía...

de León Cartagena tiene eso que yo llamo «indispensable» en un poema y que tiene que ver con el peso simbólico del mismo (que es lo que le da el valor espiritual al texto y determina su futuro) Este peso, bien puede llamarse la honestidad u hondura, de la cual brota el poema, que generalmente (y con el tiempo) se va perdiendo, la poesía se va convirtiendo en un asunto sumamente intelectual, pragmático, racional, técnico y rebuscado. León aún conserva la transparencia necesaria para escribir buena poesía; yo tambièn, como él, creo en el poder de las imégenes y el ritmo para hacer buena poesía («el sol se astilla en la cresta de una ola», «el cielo arde de estatuas blancas», etc) Me alegra conocer a alguien que, pese a todo, sabe valorar la frescura en la poesía.
Su poesía sirve para curarme del montón de intelectualoides con aire de poeta enfermo de tuberculosis que me anda rondando, con sus poemas se puede orear uno el alma.

Maule, Coronel., Chile. Diciembre de 2005

ENRIQUE SILVA RODRÍGUEZ
Poeta y Narrador
(Concepción, Chile. 1961)

León, en sus palabras

Poeta, pintor y diseñador gráfico, apasionado del mar, los días nublados, las mujeres hermosas y las cervezas oscuras. Hábil con el humor negro y el sarcasmo, mal bailarín y buen desempleado.

Se ha desempeñado como director editorial, jefe de arte e ilustrador en distintas revistas y periódicos del estado de Sonora y Sinaloa «La Gaceta, La Letra Escarlata, Migala de Poesía, etc». En 2002 fue reconocido con el primer Premio Nacional de Poesía de la Universidad Autónoma Indígena de México, por el poemario «Del Monte y otras bestias» ese mismo año, participa como coautor y coeditor de «Antología de el Dorado» en la ciudad de Los Mochis. Ha participado en talleres de creación y formación poética, impartido talleres de pintura para niños, así como ofrecido talleres de lectura en la penitenciaría y el hospital psiquiátrico de Hemosillo, Son. Actualmente, sigue participando como colaborador en revistas y periódicos del estado. Cree que la fórmula de la juventud eterna y la felicidad absoluta, radica en el extracto de niñez que todos tenemos dentro, dos gotas de asombro y una pizca de inquietud.

«Mar» su más reciente libro, se encuentra en proceso de edición para ser publicado en 2006.
*Este texto fue leído antes de la lectura, en el Primer encuentro de poetas ahomenses. XII-2005.